RETIRO DE ADVIENTO VIRTUAL

#RetiroAdvientoSol.

La última semana de Adviento, es un momento propicio para la oración, el retiro y la preparación de la llegada del Sol de Justicia, donde reside la misma Gloria.

Este año dedicaremos este tiempo a “la Esperanza”, tan necesaria en estos días de Pandemia.

Os Invitamos a todos los hermanos, fieles y devotos a acompañarnos en el camino que nos llevará al Hijo de Dios.

Que la Virgen del Sol os bendiga.

 

El retiro podréis realizarlo siguiendo las siguientes instrucciones.

PREPARACIÓN DEL RETIRO

1º Debes programar y buscar un momento en el que no tengas prisa y puedas estar relajado, pero no demasiado cansado.

2º Escoger un sitio de la casa en el que puedas estar tranquilo y en silencio.

3º Para buscar el recogimiento, usa una vela encendida y una foto de la Virgen.

4º Ahora ya estás preparado para empezar a realizar el retiro.

 

RETIRO DE ADVIENTO : » LA ESPERANZA»

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

 

Canto del Magnifica.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Amen

 

La Esperanza

Definición;

En la religión cristiana, la esperanza es una de las tres virtudes teologales asentadas en la Biblia, junto con la caridad y la fe, según la cual se espera que Dios dé los bienes que ha prometido. Según Santo Tomás de Aquino, la esperanza es la virtud que otorga al hombre la confianza absoluta de que conseguirá la vida eterna y los medios para llegar a ella con la ayuda de Dios.

 

En la Biblia;

El que espera, desespera” dice un refrán popular. Esperar algo no es satisfactorio para nadie y en ocasiones las salas de espera en oficinas y consultorios se convierten en salas de tortura para muchos que, como yo, son impacientes y perciben el tiempo de espera como un tiempo perdido. Esta creencia común puede percibir a la esperanza como algo negativo y algo no muy deseado.

 

Sin embargo, la esperanza, desde el punto de vista bíblico, es una virtud esencial y tiene una connotación positiva. De hecho, la esperanza de los creyentes siempre está basada en Dios y sus promesas. Nuestro Dios no solamente es una fuente de nuestra esperanza, sino que Él es el Dios de esperanza: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo (Rom. 1:13). La esperanza de los cristianos está personificada en Jesús: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza”(1 Tim.1:1). El carácter de Dios, quien siempre es bueno, fidedigno y verdadero nos motiva a confiar y esperar en El y en sus promesas. Así que, el teólogo Jurgen Moltmann en su famoso libro La teología de la esperanza nos dice que “la esperanza no es otra cosa que la expectativa de aquellas cosas que por la fe creemos han sido claramente prometidas por Dios”.

 

Reflexión sobre la Esperanza;

En estos tiempos de pandemia, vividos en cuarentena y buscándole sentido a este acontecimiento que nos desborda, miramos a todos lados buscando una señal de esperanza… unos esperan un milagro venido del cielo, «Señor, que te cuesta este milagro, ponle fin a esta pandemia»; otros buscan aferrarse a su antiguo egoísmo, aprovechando el momento para obtener ganancias…; otros buscan al miedo como su mejor refugio, «si tengo miedo no salgo y si no salgo no me contagio»…

Pero muchos saben en quien han puesto su esperanza… porque han podido escuchar las palabras de Jesús: «Si crees verás la Gloria de Dios» (Jn 11,40). No es fácil asimilar esta palabra en estos tiempos de tanta incertidumbre, pero en ella está la Esperanza cierta de que sólo en Dios descansa nuestra vida; que su Gloria es ver a sus hijos e hijas con vida y vida en abundancia… entonces, solo entonces, podemos decir, no todo está perdido. Hay una pequeña esperanza que nos dará los buenos días cada mañana, esa que viene de Dios, que hace volvernos a las hermanas y hermanos para contarles la Buena Nueva: «Es cierto el Señor ha resucitado y lo hemos visto».

Este es el mayor milagro que ha de darse en nuestra vida, que nos pone en salida, el milagro de la fraternidad solidaria para enjugar el dolor y sufrimiento, para llevar el consuelo… para decirles ¡No tengan miedo! ¡No tengamos miedo! Dios sigue apostando por nosotros, Dios sigue dándonos su Vida, y en ella nos da consistencia para seguir viviendo.

El milagro que pedimos, eres tú, soy yo, somos nosotras/os, es Jesús resucitado en nuestra vida, ¡ese que tanto esperamos!, que vence el egoísmo y el miedo, ese que nos hace ver con claridad el rostro de Jesús en nuestros hermanos y hermanas, ese que impulsa nuestra vida hacia los demás, que hace arder nuestros corazones y nos da su Espíritu para traernos paz y llenarnos de alegría, porque sabe que, a pesar de todo, aunque proclamamos su resurrección, aún seguimos escondidos, porque nos vence el miedo.

Nos hace falta una señal, nos parecemos a Tomás, aún no comprendemos que ya la señal está dada: «Felices los que aun no viendo creen» (Jn 20, 29). ¡Creemos Señor, pero aumenta nuestra fe!

Haz arder en nuestros corazones el fuego de tu amor que no se apaga, que podamos correr como las mujeres, a llevar Buena Noticia, que escuchemos como Pedro y Juan, como los discípulos de Emaús y salgamos presurosos; luego al volver a nuestra rutina diaria (Jn 21, 1-15) podamos contemplarte en nuestro cotidiano vivir, escuchar tu invitación a lanzar las redes una vez más en obediencia de amor y de fe, que te descubramos sentado en nuestra mesa, partiendo el pan, apacentando a tu pueblo… que podamos decirte con voz queda pero muy firme: ¡Tú sabes que te amo!

Que, al despertar cada mañana, esa pequeña esperanza nos siga dando los buenos días, para entregarle a nuestro pueblo la esperanza que llevamos dentro… (1P 3,15), la que hemos alcanzado con tu Resurrección, la que nos dirá todos los días: ¡No tengan miedo!

 

Estamos un breve periodo de tiempo en silencio, meditando sobre lo que hemos leído.

 

Oración Final;

A ti, Señor, levanto mis ojos

a ti que habitas en el cielo

y entre los hijos de los hombres.

Levanto mis ojos

de donde viene mi esperanza.

La esperanza me llega a borbotones de tu inmenso amor,

de que no te olvidas nunca de mí.

Muchos hombres ponen su esperanza

en que tengan suerte en el juego,

en que todo les salga bien,

en la solución de sus problemas.

Mi esperanza es pronunciar tu nombre.

Mi alegría se llama conocerte,

saber de tu bondad infinita,

más allá de donde alcanza mi razón.

tú eres una puerta abierta,

una ventana llena de luz.

cuando los hombres me miran,

me preguntan por qué sigo creyendo,

por qué tú sigues siendo mi esperanza,

me digo:

si te conocieran,

si supieran sólo un poco de ti,

si ellos descubrieran lo que tú me has dado,

estoy seguro de que no dirían lo que dicen;

pues tú eres maravilloso,

acoges mis pies cansados.

Por eso, por todo y por siempre,

tú, señor, eres mi esperanza. Amén

 

 

 

Padre nuestro

Ave María

Gloria

 

 

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