VIACRUCIS: ESTACIÓN IX

VÍACRUCIS

Comencemos con la señal de nuestra salvación y signo del amor que Dios nos tiene.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

R/. Amén.

IX. ESTACIÓN

 JESÚS AYUDADO POR EL CIRINEO A LLEVAR LA CRUZ

  V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Lectura del Evangelio según San Lucas. (23, 26-31)

    Cuando lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguía mucha gente del pueblo y mujeres, que se daban golpes de pecho y se lamentaban por él. Jesús se volvió a ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque vienen días en los que se dirá: Dichosas las estériles, los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han amamantado. Entonces comenzarán a decir a las montañas: caed sobre nosotros, y a los collados: Sepultadnos; porque si esto hacen al leño verde, ¿qué no harán al seco?».

Oración:

    A tí, Jesús, destrozado, acabado, Simón de Cirene te ofrece alivio: caminando tras de ti, lleva tu cruz. Pero eres tú, Señor, el verdadero Cirineo de los siglos. Es tuya la invitación: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados»; tuya es la afirmación: «Mi yugo es suave y mi carga ligera». En ti, contigo, por ti el peso de la vida se hace ligero equipaje.

    Enséñanos, Maestro bueno, a inclinarnos con amor sobre la aflicción del hombre, a llevar el peso del hermano, a compartir la fatiga de la vida.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

AVE MARÍA

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

GLORIA

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

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